Cuidados de la flauta nativa americana

Flauta nativa americana en proceso de construcción Alpa Kamaska

La flauta nativa americana nos acompaña y nos regala momentos de conexión. Para que dure mucho tiempo, hay que aprender a cuidarla. Aquí te contamos qué la puede dañar y cómo evitarlo.

 

Una madera que sigue viva

Independientemente del método de construcción, la madera con la que está hecha una flauta nativa americana es un material higroscópico: aunque esté seca y trabajada, sigue absorbiendo y soltando humedad según el ambiente en el que se encuentre. Esta sensibilidad se nota tanto en el sonido como en el comportamiento de la propia madera.

¿Qué puede dañarla?

  • Exceso de humedad: la madera se hincha y puede notarse algo más pesada o menos ágil al tocar.
  • Ambientes muy secos: la madera se contrae, y ahí es donde aparece el riesgo real, las grietas.
  • Cambios bruscos de temperatura: el paso rápido de frío a calor (o al revés) suele ser más agresivo que cualquiera de los dos extremos por separado.
  • Sol directo: reseca la madera más rápido de lo habitual y puede alterar el color del acabado.
  • Golpes y caídas: sobre todo en el tótem, la pieza más expuesta al tocar o al dejar apoyada la flauta en cualquier sitio.
  • Alcohol y otros agentes externos: algunos productos de limpieza (sobre todo los que llevan alcohol) pueden disolver el acabado. Con un paño es suficiente.
  • Comer o beber mientras se toca: los restos que quedan en el aliento, combinados con la humedad de la cámara de aire lenta, pueden favorecer la aparición de moho.

Secar después de tocar

Después de cada toque, conviene dedicarle un minuto a secarla. La condensación del propio aliento se acumula sobre todo en la parte baja del canal de aire, justo donde va montado el tótem. Basta con retirarlo y pasar un trapo que no deje pelusa por esa zona.

Después, deja la flauta un rato en vertical, con el tótem quitado y el extremo norte hacia arriba, para que termine de escurrir antes de guardarla.

A veces la humedad se nota mientras estás tocando: la flauta empieza a sonar apagada, como afónica, o las notas se desbordan con facilidad. Si te pasa, tapa parcialmente la boca de la flauta y sopla con fuerza, así sale la condensación acumulada cerca de la embocadura. Si con eso no es suficiente, retira el tótem y sécalo como antes.

Para la limpieza exterior, un paño ligeramente húmedo es suficiente. Nada de alcohol ni productos de limpieza, como vimos antes.

Flauta nativa americana en proceso de construcción, Alpa Kamaska

Cómo guardarla

Para guardarla, mejor una funda de tela que “respire” que un estuche muy cerrado o de cuero. Si la flauta pasa mucho tiempo sellada, no tiene forma de soltar la humedad que va absorbiendo, y eso también acaba pasándole factura.

Elige un lugar estable, lejos de radiadores, chimeneas o ventanas con sol directo. Evita también dejar peso encima o guardarla en sitios donde algo pueda golpear el tótem.

Si no la vas a tocar durante una temporada larga, no hace falta nada especial, solo cuidarle el sitio donde descansa.

Transporte

Para moverla de un lugar a otro, la funda es la mejor protección. Evita dejarla horas dentro del maletero de un coche, es de los sitios donde los cambios de temperatura son más bruscos.

Si vas a viajar en avión, mejor llevarla contigo como equipaje de mano si el tamaño lo permite. En la bodega los cambios de presión y temperatura son mucho más agresivos.

 

En resumen

Al final, cuidar una flauta nativa americana se resume en poco: secarla después de cada toque y evitarle cambios bruscos. Con esos dos hábitos, la mayoría de los problemas ni siquiera llegan a aparecer.

Y si te surge alguna duda con la tuya en concreto, escríbenos directamente. No todas se comportan igual, según cómo estén hechas y con qué acabado. Puedes contarnos tu caso a través de nuestra página de contacto y te ayudamos a resolverlo.

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